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miércoles, 28 de febrero de 2007 |
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“La forma en que está hoy definida la red y su futuro, tiene sus bases en un pasado doloroso y enfático.”
Hace cuatro años que la economía digital se perfilaba como un modelo práctico e innovador para el empuje de diversos productos que tardaban mucho tiempo en stock, e inclusive de servicios que eran poco conocidos por consumidores finales. Fue así, como los denominados "portales verticales" surgieron al mayoreo, considerando además de los servicios interactivos, contenidos versátiles que iban desde los signos zodiacales, noticias y hasta métodos para encontrar pareja. Los entonces tres millones de cibernautas (según cifras estimadas por Select IDC) eran un mercado muy reducido y saturado que no respondió a las expectativas de las estrategias entonces implementadas. La crisis sobrevino reflejándose en la fuga de dinero que requería el mantenimiento de cuentas de correo gratuitas, a veces, hasta de cinco dólares por cada una; falta de autofinanciamiento, debido a que el 90 por ciento de las empresas mexicanas para entonces no invertían en publicidad en Internet, la especulación ante la seguridad que brindaba el e-commerce y la nómina de personal, que en muchos casos, tampoco estaban preparados para responder al ritmo que requería dicha plataforma de negocios. Las fusiones, los despidos masivos y en el peor de los casos, la desaparición de las empresas estuvieron a la orden del día. Y sólo algunos sobrevivieron y se sobrepusieron al naufragio de una industria que apenas zarpaba.
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